En el patio de la casa de A., una amiga de infancia. Sus hermanas no son tan hospitalarias, y me siento fuera de lugar. Cuando llego a casa, Amaranta y Ale me dicen que volemos, y sin consultar con su mamá les aplico el líquido. Por experimentar, yo también lo hago, pero tuve miedo de salir de casa y a regañadientes les digo que nos mantengamos bajo techo mientras pasa el efecto. A J. le asustó vernos flotando.
sábado, 17 de enero de 2009
sábado, 20 de diciembre de 2008

Lo reconocí de inmediato. A. escribe y es talentoso. No supe nunca a qué había ido a mi casa, la cual por cierto era un edificio de tres pisos tan impersonal. Recorrimos los espacios y traté de abrir conversación, pero él contestaba a monosílabos mientras su mirada rastreaba incesante algo; no le pregunté qué y al parecer, no encontró lo que buscaba. Ya en la puerta le hablé de un cuento-ensayo de Pitol, creí ver interés y le dije que me esperara un momento.
Buscaba en mi cuarto un cuadernillo de cuentos cuando por la puerta entreabierta vi de soslayo un muñeco Chucky sobre la cama de la habitación adjunta. Mascullé una maldición. Quise estar lejos de ahí, pero mi mente ya estaba enganchada con el objeto, y al igual que cuando jugaba ouija y el triángulo se deslizaba entre las letras obedeciendo lo que le dictaba mentalmente, di órdenes al muñeco de levantarse. Y mi temor no nació porque lo viera levantarse - siempre que lo he visto en la tele procuro cambiar rápido de canal; no soporto su sangre pesada- sino del que me atreviera a darle mentalmente instrucciones para que hiciera daño a otros. Vi a un niño junto a una barandal y traté en seguida de poner en blanco mi mente contrarrestando ese loco impulso de dictar lo peor.
jueves, 20 de noviembre de 2008
lunes, 3 de noviembre de 2008

Llevé un cuento a publicar. No recuerdo quien me atendía en la editorial. Mientras platicaba con él, vi pasar al fondo a W. Ambos quedamos intrigados. Cuando salí, W. estaba sentado junto a una larga mesa de oficina. No sé cómo lo obtuvo, pero tenía un texto mío entre sus manos. Lo que sentía hacia ese hombre era una mezcla de admiración y decepción, por lo que el trato con su persona siempre se me había dificultado. Le expresé mi admiración por un texto que recientemente le habían publicado. Era poseedor de un inmenso don para escribir, y él lo sabía. Me indicó que me sentara. Del cuento me dijo que era bueno, pero pedante. ¿En qué le es pedante?, inquirí, ¿será por lo que está escrito en esta parte?, y le señalé un párrafo. No, dijo él, no es eso. Y entonces escuché con interés su crítica hasta que, como en otras ocasiones, de un momento a otro saltó del plano literario al personal bombardéandome con preguntas incómodas. No objeté nada cuando a esas alturas ya habría puesto de por medio barricadas y disparado con igual saña respuestas contraatacándole. Él se dio cuenta de ello y aprovechó para tantear más terreno. Vestía falda –cosa rarísima- y él colocó su mano sobre mi pierna y las yemas de sus dedos toquetearon mi piel. Lo miré a los ojos; sostuvimos nuestras miradas unos instantes. Acto seguido me levanté y salí de ese lugar.
lunes, 6 de octubre de 2008
En la clase de derecho, en plaza abierta, estaba tomando apuntes de lo que decía el catedrático, pero me dieron ganas de ir al baño, dejé mi libreta en el asiento y me levanté. Al regresar, ya todos se estaban incorporando, la clase había terminado. No sabía si se había dejado tarea; no conocía a ninguno de los que estaban presentes y me entró angustia. Camino a casa, en un patio, vi a una muchacha que había sido compañera de mi hermana, y con esa confianza le pregunté si teníamos tarea. Muy a su pesar me dijo que esperara, y entró a su casa. Miré alrededor, un hombre estaba en la esquina del patio, estaba en silla de ruedas. Pensé que quizá era el esposo. La muchacha salió con la libreta. No le gustó para nada que yo invadiera su intimidad. Anoté la tarea, di las gracias y me fui.-------------------------------------------------------------------------------------------------En otro día de clase, me veo platicando con un compañero. Un rubio. El interés era mutuo. Al final, entre la gente vi a mi mamá, y me fui con ella.-------------------------------------------------------------------------------------------------El motor se detuvo por la Avenida Hidalgo, antes de tomar la calle que lleva a Colonias. Me bajé y le di un empujón, pero un coche que lo choca por detrás. Yo pude librar el accidente, pero vi a mi carro, no sé cómo, dar una giro hacia el carril contrario, bajar desenfrenadamente la calle inclinada* hasta estamparse contra otro vehículo que atravesaba ese momento la Avenida Hidalgo, en dirección de Chedrahui rumbo a la calle Estrella.Me vi entonces en el cementerio frente a un sepulcro. A un lado, me llamó la atención una planta. Era muy hermosa, parecía que sus ramas eran de cristal, de un cristal color verde limón. Y había entre éstas dos hojas de papel dobladas. Eran dos mensajes para el difunto. Uno era corto y decía: Tu muñón está contigo. Y en el otro, maldecían al que le había ocasionado la muerte.
*Al contrario; es una pequeña cuesta.
*Al contrario; es una pequeña cuesta.
miércoles, 10 de septiembre de 2008
El ambiente en la oficina estaba normal hasta que L vino a decirnos a R y a mí que alguien había tomado una tarjeta; se veía preocupado. Luego enteré a S y R lo supo. Me levanto y entonces comienzo a hablarles a los que están en sus escritorios; son como unos seis trabajadores; hay un ventanal al fondo. Alguien me dice que la secretaria no le echa ganas a su trabajo, por qué entonces él iba a trabajar doble. Lo que hagas o no, le dije, va a repercutir siempre en los demás. Me dirigí a la secre, y le pregunté qué tenía que comprarle a su hija, me respondió algo, me volví al otro y le dije: ya ves, si tú trabajas bien ella va a poder comprarle eso a su hija, y si ella hace lo que le corresponde, tú vas a obtener lo tuyo. Todo es trabajo de equipo. Así que me gustaría que decidieran cómo van a trabajar a partir de ahora, de manera programada o dejándose llevar...
sábado, 6 de septiembre de 2008

Día en que unas compañeras y yo fuimos a un centro de diversiones. Había playas artificiales, discotecas... En la noche no quise meterme a la playa. En un cuarto de hotel una de nosotras cayó enferma y se revolvía entre las sabanas. Miré los negros cabellos humedecidos sobre su rostro.
En una vagoneta iba con O y S. Mientras O manejaba y charlaba con S, inspeccioné que en la lámpara no hubiera grabadoras, y anduve revolviendo ropa en las maletas hasta que un oficial de tránsito nos detuvo. Bajamos el equipo completo de volibol y rodeándolo le dijimos que nuestro destino era el gimnasio y que en el interior sólo había ropa deportiva, balones y la red. No insistió más y nos dejó ir.
viernes, 15 de agosto de 2008
martes, 12 de agosto de 2008
jueves, 7 de agosto de 2008
En la calle Garizurieta, en Alamo, se estaba realizando el rodaje de una película. Observé cómo los actores se relacionaban con los dueños de las casas, las cuales eran parte del escenario ( por la altura del Sanatorio del Dr. Ríos , la casa de los Barragán y de un hotel.) Me causó sorpresa la existencia de piscinas en los patios: todo era festivo, el día, los colores, el buen humor… Curiosamente, las tomas de los actores eran siempre mostrándolos a la orilla de de una piscina, pues estaba vacía.
Por último, se veía cómo la calle estaba inundada.
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