lunes, 16 de marzo de 2009

Sueño del 9 de marzo de 2009





En un autobús veíamos cómo los habitantes de una pequeña comunidad portaban poderosas armas y disparaban desde los patios de sus casas. La furia en sus rostros y el color gris de pies a cabeza los homogeneizaba. Al principio disparaban al cielo y el ruido estruendoso no paraba. Cuando advirtieron nuestro paso por la carretera, nos convertimos en objeto de su ataque. Afortunadamente salimos ilesos.


En un salón de eventos a reventar me topé con A, quien amistosamente me ofreció algo. No pude sino pensar cómo reaccionaría si supiera lo que escribí sobre el asunto x; seguro que ni me hubiese dirigido la palabra.






Subíamos una pendiente huyendo de algo maligno. JC y Madame iban al frente. Hubo una explosión y los perdí de vista. Más adelante supe que se encontraban bien en otro lugar.

martes, 10 de marzo de 2009

Caminábamos rumbo a un ¿cementerio?, y nos detuvimos en una esquina panorámica. Mi papá se veía tranquilo, llevaba la mitad de una ¿fruta?, algo así como una papaya. Mi mamá contemplaba el paisaje. Proseguimos nuestro camino.

sábado, 7 de marzo de 2009


En casa de Tampico. Chucho, Malena, Bedil, Amaranta y yo teníamos que salir a equis lado. Nos turnamos el baño. Amaranta ya estaba lista. Tomé mi ropa y entré al baño azul. Desprendí dos uñas.




Tenía que escribir una síntesis de un libro. La noción repentina de que estudiaría psicología en los tres años siguientes, y mi temor, ¿tendría tiempo para eso y sobre todo, deseos? Sopesé y me dije sí, puedo y quiero.

viernes, 27 de febrero de 2009

De improviso me puse unas zapatillas -no suelo calzarlas-, y luego de un rato de caminar, me sentí bien con ellas.

lunes, 16 de febrero de 2009

Surgió algo y fui a tratar el asunto con una vendedora de almacén. De pronto recordé que había dejado a los niños en la otra tienda y salí corriendo a buscarlos.

domingo, 15 de febrero de 2009

[...]
Apretujados en un autobús. Platicaba con Martha Pérez. Toqué el timbre y el chofer fue frenando en una pendiente. A un costado de una acera vi una araña. Como la calle era estrecha y no podía bajar, el chofer fue nuevamente ascendiendo hasta darme espacio. Le dije a Juan Carlos que bajara conmigo.

jueves, 5 de febrero de 2009

No sé cómo llegué a casa de la amiga de una escritora. De que era su amiga apenas lo supe en cuanto comenzó a hablarme con entusiasmo de ella y sus proyectos literarios.Todo esto mientras recorríamos la casa. Quise entonces cambiar de tema, pues me parecía de mal gusto escuchar intimidades de alguien a sabiendas que no soy de su agrado, pero por otro lado, me decía que estaba ahí por algo y tenía que averiguarlo.

sábado, 17 de enero de 2009

En el patio de la casa de A., una amiga de infancia. Sus hermanas no son tan hospitalarias, y me siento fuera de lugar. Cuando llego a casa, Amaranta y Ale me dicen que volemos, y sin consultar con su mamá les aplico el líquido. Por experimentar, yo también lo hago, pero tuve miedo de salir de casa y a regañadientes les digo que nos mantengamos bajo techo mientras pasa el efecto. A J. le asustó vernos flotando.

sábado, 20 de diciembre de 2008


Lo reconocí de inmediato. A. escribe y es talentoso. No supe nunca a qué había ido a mi casa, la cual por cierto era un edificio de tres pisos tan impersonal. Recorrimos los espacios y traté de abrir conversación, pero él contestaba a monosílabos mientras su mirada rastreaba incesante algo; no le pregunté qué y al parecer, no encontró lo que buscaba. Ya en la puerta le hablé de un cuento-ensayo de Pitol, creí ver interés y le dije que me esperara un momento.

Buscaba en mi cuarto un cuadernillo de cuentos cuando por la puerta entreabierta vi de soslayo un muñeco Chucky sobre la cama de la habitación adjunta. Mascullé una maldición. Quise estar lejos de ahí, pero mi mente ya estaba enganchada con el objeto, y al igual que cuando jugaba ouija y el triángulo se deslizaba entre las letras obedeciendo lo que le dictaba mentalmente, di órdenes al muñeco de levantarse. Y mi temor no nació porque lo viera levantarse - siempre que lo he visto en la tele procuro cambiar rápido de canal; no soporto su sangre pesada- sino del que me atreviera a darle mentalmente instrucciones para que hiciera daño a otros. Vi a un niño junto a una barandal y traté en seguida de poner en blanco mi mente contrarrestando ese loco impulso de dictar lo peor.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Desde el camión, mi tío Germán, disgustado -no sé si con mi hermano-, trataba de decirme algo, pero no le entendía nada.

lunes, 3 de noviembre de 2008


Llevé un cuento a publicar. No recuerdo quien me atendía en la editorial. Mientras platicaba con él, vi pasar al fondo a W. Ambos quedamos intrigados. Cuando salí, W. estaba sentado junto a una larga mesa de oficina. No sé cómo lo obtuvo, pero tenía un texto mío entre sus manos. Lo que sentía hacia ese hombre era una mezcla de admiración y decepción, por lo que el trato con su persona siempre se me había dificultado. Le expresé mi admiración por un texto que recientemente le habían publicado. Era poseedor de un inmenso don para escribir, y él lo sabía. Me indicó que me sentara. Del cuento me dijo que era bueno, pero pedante. ¿En qué le es pedante?, inquirí, ¿será por lo que está escrito en esta parte?, y le señalé un párrafo. No, dijo él, no es eso. Y entonces escuché con interés su crítica hasta que, como en otras ocasiones, de un momento a otro saltó del plano literario al personal bombardéandome con preguntas incómodas. No objeté nada cuando a esas alturas ya habría puesto de por medio barricadas y disparado con igual saña respuestas contraatacándole. Él se dio cuenta de ello y aprovechó para tantear más terreno. Vestía falda –cosa rarísima- y él colocó su mano sobre mi pierna y las yemas de sus dedos toquetearon mi piel. Lo miré a los ojos; sostuvimos nuestras miradas unos instantes. Acto seguido me levanté y salí de ese lugar.

He estado pasando a word los sueños de 2020, como los tengo anotados en tableta, hojas sueltas y en cuadernos regados, tras estos meses de e...